Mandarinas. Muchas mandarinas.
Que se secan, que se pudren de a poco. Mandarinas en mi cuerpo, que se secan, que se pudren, que me pudren. Me contaminan, me dejan pegajosa la cara, el cuello, el pecho.
Dolor en el estómago. Después, sensación de que las cosas pasan sin darme cuenta. De repente vestida frente al espejo, de repente en un colectivo, no entiendo las horas, los minutos ni los segundos, y caminando, caminando con las mandarinas atragantadas y con ese asco, esa repulsión excitante.
La cabeza con imágenes que se licúan, se dan vuelta, se repiten, la panza que también gira, también se retuerce. El cuerpo marcado y la boca que se quedó en el tiempo.
viernes, 1 de junio de 2007
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