Cada vez más enorme. Cobra la dimensión del universo, más grande que todo lo que existe en la tierra, tal vez hasta más que todo mi miedo y todo mi amor.
La enorme tiene cara. Cara de sirena en la proa de un barco, cara con caras, con ojos que van de azul a rojo, dientes y colmillos.
Debo entregarme, debemos entregarnos. Corren desesperados, como si algo fuera a salvarlos, como si viniera un suspiro enorme a volarnos de este planeta, como si fuera cierto que la esperanza no se pierde jamás.
Llega a su máximo esplendor y comienza el brutal descenso sobre nuestras cabezas. Algunos se esconden bajo la arena llorando, buscando un vano refugio, negando que la tierra caerá como ceniza en el universo, y sólo quedará agua y aire.
Mi cama y mi cuerpo empapados, rastros de la desgracia. La respiración quebrada. Cierro los ojos y siento como la ola sale de mi boca, cruza la ventana y se pinta para siempre ahí, en medio del paisaje.