lunes, 10 de noviembre de 2008

La ola

    Cada vez más enorme. Cobra la dimensión del universo, más grande que todo lo que existe en la tierra, tal vez hasta más que todo mi miedo y todo mi amor.
    La enorme tiene cara. Cara de sirena en la proa de un barco, cara con caras, con ojos que van de azul a rojo, dientes y colmillos.
    Debo entregarme, debemos entregarnos. Corren desesperados, como si algo fuera a salvarlos, como si viniera un suspiro enorme a volarnos de este planeta, como si fuera cierto que la esperanza no se pierde jamás.
    Llega a su máximo esplendor y comienza el brutal descenso sobre nuestras cabezas. Algunos se esconden bajo la arena llorando, buscando un vano refugio, negando que la tierra caerá como ceniza en el universo, y sólo quedará agua y aire.

    Mi cama y mi cuerpo empapados, rastros de la desgracia. La respiración quebrada. Cierro los ojos y siento como la ola sale de mi boca, cruza la ventana y se pinta para siempre ahí, en medio del paisaje.

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